El ‘agujero’ de ozono está reduciendo su extensión

O, al menos, esa es la tendencia que sigue desde hace meses. El ozono (O3) juega un papel determinante a la hora de capturar radiaciones de alta energía ya que se rompe, literalmente, para generar oxígeno molecular y átomos de oxígeno. Estos últimos reaccionan a su vez con el oxígeno molecular circundante para generar más ozono. Los átomos de oxígeno están también presentes como resultado de la ruptura directa de la molécula de oxígeno, lo que permite establecer esta fuente como la inicial para la generación de O3. Este ciclo natural de formación y destrucción de ozono se conoce como ciclo de Chapman. La máxima concentración de ozono tiene lugar a 20 Km sobre nuestras cabezas, en la baja estratosfera. A esa altura, la temperatura del ‘aire’ es de unos 50 grados bajo cero. En realidad debería de ser algo más baja, pero las reacciones implicadas en el ciclo de Chapman (y otros, de tipo catalítico), de carácter exotérmico (liberando calor), amortiguan la caída de temperatura a esta altura.

ciclo de chapman

Una destrucción masiva de ozono en la zona austral (región antártica) creó lo que se conoce como ‘agujero de ozono’, que no es sino una disminución inusual de los niveles de ozono en esa región, lo que hace que determinadas radiaciones perjudiciales para los seres vivos penetren hacia la superficie del planeta sin que exista ningún efecto de ‘tamizado’. Es importante recalcar que, sin el ozono, nuestra vida en la superficie de la Tierra sería muy diferente, por lo que es muy importante controlar su presencia. Las razones atribuidas a su destrucción masiva ‘no natural’ se atribuyen normalmente a la emisión de determinadas sustancias antropogénicas que generan fácilmente radicales libres en la atmósfera, pudiendo estos destruir ozono a un ritmo mucho mayor que su formación, lo que supone una destrucción neta del mismo. Sin embargo existen voces que atribuyen este hecho a los centenares de pruebas nucleares atmosféricas que varios países realizaron en las décadas de los 60 y 70. También el excesivo tráfico aéreo supone un problema importante ya que, en definitiva, nuestra atmósfera no es sino un delgadísima y vital capa gaseosa sin cuya presencia no sería posible la vida, al menos tal y como la conocemos. Para darnos cuenta de ello, solo tratemos de comparar el espesor de la misma (alrededor de 80 Km) con el radio de la Tierra (6371 Km). De hecho, el 75% de la masa atmosférica se encuentra en los primeros 11 kilómetros.

atmósfera

Sea como fuere, la buena noticia es que parece que, finalmente, nuestra valiosísima ‘pantalla’ de ozono está dando signos de recuperación, por encima de los cambios estacionales (máximo en verano, mínimo en invierno), lo que invita a ser optimistas para las próximas décadas.